La fiesta del mango

Hoy el inescrutable Universo decidió que era el momento de regalarme una pequeña fiesta: coincidieron en mi casa una bolsa de mangos y la señora Carmen. 

El mango es una fruta muy especial para mi, me encanta. Según cuenta la leyenda,cuando servidor era niño y comía mango, quedaba tan embadurnado, que tenía que bañarme para quitármelo hasta del cabello. Muchas veces he envidiado a las personas que tienen a un ángel bondadoso encargado de pelar los mangos y otras frutas y ponerlas en recipientes plásticos, para poderlos comer sin molestias…y siempre me prometí que lo iba a hacer algún día, que supongo que será el mismo día en que haré disminuir la pila de ropa sucia que está al lado de mi lavadora y plantaré finalmente un jardín de especias y tomates fuera de mi ventana, entre otros sueños lindos e inalcanzables.

La señora Carmen llegó a mi apartamento hace unos meses, con la recomendación de Anagrama y una lista inmensa de productos que le tenía que comprar para facilitar su trabajo y garantizar la estricta pulcritud de mis alrededores. También repetía y repite esta consigna hasta hoy, varias veces: “A mi me gusta la limpieza”. Ante alguien tan convencido, no queda más remedio que ceder y facilitar…y el resultado es que mi casa nunca ha estado tan limpia. 

Pues hoy, después de tan maravillosa coincidencia, yo no podía dejar más nada al azar…le tuve que pedir, aunque tímidamente, que si podría completar el milagro haciéndome el favor de pelar los mangos y meterlos en su respectivo recipiente de plástico. Las manos de la señora Carmen, infinitamente más talentosas que las mías, se pusieron a la obra con rapidez, elegancia y eficiencia. Segundos más tarde, recordé mi infancia comiendo mango, mango, MANGO…con tantas ganas, que manché de amarillo la parte de arriba del uniforme de mi nuevo trabajo. En mi nevera ahora hay mango en recipientes,otras frutas en recipientes…todas listas para comer. Soy felisconesedefelisidad. 

Definitivamente las mejores cosas de la vida, las que más se disfrutan, son simples, y; a veces, gratis. Y definitivamente, toda buena fiesta tiene sus consecuencias; todavía estoy intentando sacar las hilachas de mis dientes…

La fiesta del mango

  1. perate posted this